martes, 24 de septiembre de 2013

MEMORIAS DE UN ZOMBIE ADOLESCENTE

Adaptación para la gran pantalla de la novela homónima del escritor oriundo de Seattle Isaac Marion. Publicada a principios de 2010, convirtiéndose inmediatamente en todo un éxito de ventas.

Este éxito no paso desapercibido para las numerosas productoras con sede en la soleada Los Ángeles, desesperadas por encontrar la nueva saga cinematográfica que les reportara miles y miles de la verde moneda.

Detrás de esta película (por llamarla de alguna manera) encontramos a la productora “Summit Entertainment”, responsable de esa saga de vampiros estreñidos y sosos que han destrozado taquillas por todo el mundo. Ya con este detalle podéis poneros a temblar (esta gente no es capaz de ofrecer un producto de calidad ni de casualidad).



El elegido para sentarse en la silla de director fue Jonathan Levine, que se había ganado a parte de la critica con su anterior trabajo como director, el drama “50/50” (2011). Levine es también en solitario responsable de el guión, un libreto soso y ñoño con algún que otro detalle interesante (los zombies al comer el cerebro de sus víctimas adquieren sus recuerdos).

R es un zombie que deambula de un lado para otro hasta que un día encuentra un pequeño grupo de supervivientes. Estos son masacrados por el resto de sus compañeros muertos, mientras el comienza a sentirse atraído por una de las chicas del grupo.


La pareja protagonista posee una alarmante falta de química, Nicholas Hoult (“Jack el caza  gigantes”) vuele a enseñarnos lo soso y aburrido que es y Teresa Palmer (“El aprendiz de brujo”) se limita a ser un bonito elemento decorativo. John Malkovich (“Red 2”) en piloto automático se limita a coger el cheque y brevemente hace acto de presencia  a un emergente Dave Franco (“Ahora me ves…”).

La excelente fotografía es obra del español Javier Aguirresarobe (“La carretera”). Utiliza tonos grises y monocromáticos dotando a la película de ese tono tan deprimente.

La película empieza con un brillante y simpático prologo con voz en off de R (recuerda al visto en la divertidísima “Bienvenidos a Zombieland”), pero una vez pasados estos cinco minutos iniciales todo va cuesta abajo. Convirtiéndose en una insoportable y soporífera película. En las que estos cuerpos putrefactos son capaces de cualquier cosa (hablan, conducen, tiene sentimientos, etc…), algo que seguramente enfadara a los aficionados al género de muertos vivientes.


No podemos olvidarnos de esa ridícula y bochornosa cura que responde al nombre de “amor”. Capaz de devolver a la vida  a estos cuerpos en estado de descomposición y hacer que sus corazones vuelvan a latir. Aunque ya lo decía “Frankie goes to Hollywood”: “el amor es la luz que ahuyenta la oscuridad”.

Si eres seguidor de la excelente “The walking dead” o simplemente os encanta el género zombie os recomiendo que paséis de largo ante tal despropósito. ¡¡¡CORRED INSENSATOS!!!


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